Casi cuarenta años en este mundo me han dejado algunas dolores en las rodillas
algo de pelo por caer y una gran cantidad de libros leídos que ahora me parecen pocos.
tantas noches de deambular por fantasías tan utópicas como distópicas me han dejado algunas nostalgias
y un montón de sueños y fantasías generalmente más tontas que interesantes. por otra parte la herencia
que me toco no incluía la procrastinación, esa me la he forjado a pulso, debí seguir de una manera mas
estricta el impulso campesino de hacer, sin miramientos ni preguntas, arar como el buey, empujar el
madero amarrado al trapiche como el caballo, subir la caña por la falda de la montaña desde la
madrugada como el peón, azuzar el fuego toda la mañana para que la miel de la caña se convierta en melado, y el melado
en panela. Me falto sangre campesina, creo, tanta televisión es cierto te banaliza la mente, te hace soñar
con días perezosos, con vidas fáciles y felices.
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