"La única diferencia entre un loco y yo es que yo no estoy loco." Salvador Dali
domingo, 10 de abril de 2011
Soy un ateo sumamente espiritual
Eso creo, por lo menos no necesito creer en seres sobrenaturales ni en crucifijos. me sobra con creer en lo que existe
Domingo
Le compre la cuerda que le faltaba a mi guitarra, tengo mis oídos desafinados después de tantos tiempo alejado de ella, pero bueno ya me están empezando a doler de nuevo os dedos, que joda con la afinación me dan ganas de arrancarme las orejas
Una complice deCioran
Liliana Herrera, profesora de la Universidad Tecnológica, es la máxima experta colombiana en el rumano y se cruzó cartas con él.
Foto: Juan M. Álvarez
La casa de Liliana Herrera parece un museo en memoria del filósofo.Nacido hace cien años en Rasinari, diminuto pueblo al pie de los Cárpatos en la provincia de Transilvania, a cinco horas y media en carro desde Bucarest, estudió filosofía y publicó su primer libro titulado En las cumbres de la desesperación a los 23 años. Hijo de un sacerdote ortodoxo y una ama de casa, tuvo una hermana y un hermano. A finales de la década del 30 intercaló su vida entre París y Bucarest hasta que terminó exiliándose definitivamente en Francia desde 1945. A finales de la década del 40, adoptó el francés como su lengua de escritura. Con su primer libro en el idioma de Rabelais, Breviario de podredumbre, 1949, comenzó a ser leído en el resto de Europa.
A partir de la década del 50, experimentó la escritura fragmentada como técnica directa para concretar sus preocupaciones. Vinieron los libros de aforismos: Silogismos de amargura, Desgarradura, La tentación de existir, Del inconveniente de haber nacido, La caída en el tiempo, entre varios más. Y con ellos, el reconocimiento de la comunidad filosófica, de la academia, de los lectores de andén. Defendió con ahínco el derecho a su privacidad y al ocio, a una vida estoica, primero en hoteles del barrio Latino en París y después en un sexto piso en la Rue de l’Odéon. Rechazó premios y murió en 1995. Su tumba, como la de Baudelaire y Sartre, está en Montparnasse.
DOS: La primera vez que la profesora Liliana Herrera leyó a Emil Cioran tenía 20 años. Era 1982 y llevaba la mitad de la carrera de filosofía cuando un amigo le prestó La tentación de existir. “Cioran es uno de esos autores que enamora o produce rechazo inmediatamente se lo lee”, dice. “Yo encontré muchas resonancias internas. Y así como uno no tiene explicaciones para el amor, no puedo explicar por qué me sedujo Cioran”. Sin dudarlo, escribió su monografía de grado sobre el rumano. “Fue un texto ingenuo por la inmediatez, pero tuvo el valor de ser uno de los primeros sino el primero que se hizo sobre Cioran en Colombia”.
Durante la elaboración, la profesora le envió una carta a través de Gallimard, su editorial. “Yo le conté que estaba haciendo mi monografía sobre él y me respondió inmediatamente un carta muy cordial dejándome saber que se sentía contento porque lo estuviéramos estudiando en esta parte del mundo. Y aunque me dijo que él ya no estaba para sostener correspondencia con nadie, me permitió seguirle escribiendo. Tenía casi 70 años”.
La correspondencia fue larga —durante poco menos de una década— pero no fue continua —una carta al año o cada dos—. Paulatinamente, la profesora comenzó a leer cuanto libro de Cioran llegara al país en español y en francés. Para finales de la década del noventa había leído toda su obra, salvo los libros que expresamente por petición del autor no habían sido traducidos del rumano —La transformación de Rumania, por ejemplo—.
“La mirada crítica, aguda, ácida sobre el mundo, el humor para contarlo, fueron los elementos que a mí me impactaron en principio”, dice Herrera. “Sus libros fueron moldeando mi formación intelectual y mi formación interior. No mi carácter, creo como Schopenhauer que el carácter es inmodificable. En Cioran encontré un lenguaje, una forma de expresar muchas cosas que sólo han estado en los sentimientos. Cioran me dio a mí un horizonte teórico para expresar mi malestar y para alejarme de cualquier dogmatismo”.
En 2003, la profesora publicó el libro Cioran: lo voluptuoso, lo insoluble, resultado de su tesis de doctorado en filosofía. “¿Cuál es el problema de la interpretación que se hace de Cioran aquí?”, se pregunta. “Pareciera que Cioran fuera un crítico de todo, que no se relacionara con nada. Que simplemente fue un tipo genial, neurótico, escéptico, como si fuera un anarquista, pero gran parte de su posición tiene raíz en la cultura rumana, en todo lo que vivió antes de llegar a París. Y Rumania es un país casi desconocido para el mundo. En Europa, sobre todo en Francia, lo han cuestionado mucho por haber simpatizado con un movimiento de ultra derecha llamado La Guardia de Hierro. Sin embargo, los rumanos tienen otra perspectiva que en este momento estamos tratando de entender. Un ejemplo de lecturas parcializadas: hace un tiempo un profesor en Bogotá llegó a decir que era absurdo pensar que Cioran tuviera espíritu religioso, cuando si hay un tema fundamental en su obra es el problema de Dios, los místicos, el mal en el mundo, la concepción de hombre y de naturaleza, la utopía, todos surgidos del problema religioso. Esto puede entenderse cuando uno entiende que Rumania es un país creyente y practicante del cristianismo ortodoxo, y se vive con mucho fervor la religiosidad; entonces, si bien Cioran no es creyente, su desencuentro con la divinidad cruza toda la obra. Sobre esto, Cioran tiene un aforismo que para mí ha sido muy revelador: ‘Lástima que para llegar a Dios haya que pasar por la fe’. Sin hacer a un lado que el padre de Cioran era un pope ortodoxo y frente a su casa de infancia en Rasinari hay un templo de hace siglos”.
TRES: En 2004, Liliana Herrera fue a Rasinari. Aprovechó la invitación a dar dos conferencias sobre Cioran en Barcelona para atravesar toda Europa central en busca de la casa del filósofo. “Rasinari es un pueblo que se recorre a pie en diez minutos. Calles en piedra y tierra. No ha cambiado nada en 300 años”, dice. “La casa donde nació Cioran y vivió hasta los 10 años es de arquitectura alemana en el periodo del Imperio Austrohúngaro. Sus actuales dueños la conservan tal cual la habitó Cioran, aunque está descuidada”. Sobre una pared exterior y a la vista de la gente que entra o sale de la iglesia hay una placa que dice: “En esta casa nació el escritor Emil Cioran” y en la calle, un busto del autor. “Es lo único que queda allá del filósofo”. Simone Boué, esposa de Cioran quien le sobrevivió dos años, dijo en una entrevista a la pintora catalana Maite Grau, que al único lugar al que le hubiera gustado regresar al escritor tras la caída de la dictadura de Ceaucescu era a su pueblo natal.
En Sibiu, capital de Transilvania, donde Cioran cursó la secundaria, queda la Universidad Lucian Blaga. Cada año, en mayo, celebran el Coloquio Internacional Emil Cioran. Al de 2005 fue invitada la profesora Liliana Herrera. “Dura tres días. Aunque hay participantes alemanes, rumanos, holandeses, el coloquio se hace en francés”, explica. “Se reúnen unos 20 ó 30 investigadores y presentan sus avances. Pocos estudiantes asisten. Más bien, es un encuentro entre especialistas en Cioran”.
En 2005, Herrera y Alfredo Abad, uno de sus pupilos, conformaron un grupo de investigación en filosofía contemporánea. Su primer proyecto fue “Cioran y la cultura rumana”. Este trabajo arrojó la publicación de dos libros Cioran, ensayos críticos, 2008, y Cioran en perspectivas, 2009. “Uno de nuestros objetivos era que el país pudiera tener acceso a bibliografía en español sobre Cioran. El primer libro, esencialmente, es una recopilación de textos de especialistas traducidos por nosotros. El segundo es una reunión de ensayos míos y de Alfredo”. Otro objetivo del grupo fue organizar un encuentro anual para discutir la obra de Cioran en la Universidad Tecnológica de Pereira (UTP). Han hecho tres y han contado con participación de académicos europeos.
Ahora y por solicitud de su autor, el filósofo rumano Ciprian Valcan, la profesora adelanta la traducción de un nuevo libro. “Es un texto sobre las influencias alemanas y francesas en Cioran, que han estado presentes en Rumania desde fines del siglo XVIII”.
Herrera está casada y es docente de la licenciatura en filosofía de la UTP hace 18 años. En filosofía contemporánea imparte cátedra de Cioran y Karl Jaspers, y en filosofía moderna, cátedra de Hegel.
Vive con su marido en una casa de condominio campestre situado en la vía Pereira-Armenia. Su biblioteca está regada por toda la casa y es famosa su vasta colección de música clásica en acetato. En un rincón de su estudio tiene ampliadas fotografías de Rasinari y de Cioran, de su tumba en Montparnasse, no menos de sesenta títulos sobre él, además de su obra completa. Encima de estos anaqueles, una bandera de Rumania junto a la de Colombia.
Bebe Tuica —un aguardiente rumano de 57 grados de alcohol hecho de ciruela silvestre— y cada tanto escucha música folclórica balcánica. Guarda las cartas que Cioran le envió en una bolsa de plástico dentro del cajón de su escritorio. “La última carta que recibí de él, en 1990, fue una respuesta a una que le había enviado a propósito de una entrevista en la que él decía que amaba el tango. Para mí fue una sorpresa muy grata y se lo dije. Me respondió en una carta muy corta que el tango era pura melancolía, y que si había un sentimiento fundamental en la vida era la melancolía. ‘Quien ame el tango es mi cómplice’, me dijo”.
LIBERTAD PARA Bradley Manning
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Bradley Manning, acusado de filtrar cientos de miles de cables diplomáticos e informes de inteligencia sobre las guerra en Irak y Afganistán a WikiLeaks, es probablemente la persona que más controversia causa hoy día en Estados Unidos. Muchos consideran al soldado de 23 años un héroe nacional y otros, un antipatriota, que con sus acciones tiene en riesgo la seguridad nacional. El problema para el joven es que el gobierno estadounidense se inclina más por lo segundo: lo ve como un traidor de la más baja naturaleza y no como un quijote que lucha por el derecho de la gente a saberlo todo.
Por eso Manning pasa ahora los días en una celda de máxima seguridad en la base de Quantico, en Virginia. Fue detenido en mayo pasado, llevado a una prisión militar en Kuwait y luego, a Estados Unidos. De ser encontrado culpable de cargos como traición a la patria y asistencia al enemigo, podría ser condenado a cadena perpetua o hasta pena de muerte. Según sus defensores, los guardianes de Quantico lo tratan como a un preso de Abu Ghraib, la cárcel iraquí donde los soldados estadounidenses fotografiaban a los internos mientras los torturaban. "Además de dejarme desnudo por las noches, estoy en régimen de aislamiento -escribió en una carta que envió al jefe de la base-. Durante 23 horas del día me siento a solas en mi celda (...) No puedo tener sábanas o almohada, no puedo tener mis cosas personales en la celda, no puedo tener un libro o una revista para leer algo. Tampoco puedo hacer ejercicio". Estas denuncias han desencadenado una ola de reproches de columnistas de izquierda, blogueros y miembros de ONG. Cientos de personas han protestado desnudas a las afueras de Quantico y de la Casa Blanca, portando máscaras con la cara del soldado y letreros que rezan: "Yo soy Bradley Manning". La ONU también se pronunció y dijo que iba a investigar el caso. Y mientras los pocos que han logrado visitarlo afirman que está muy disminuido física y mentalmente, el gobierno estadounidense alega que lo trata como a cualquier otro recluso y sostiene que solo le aplican medidas extremas porque temen que se suicide.
Manning era analista de inteligencia de la base de operaciones de Hammer, al este de Bagdad, cuando decidió copiar los archivos clasificados a los que tenía acceso. Pese a que los equipos que usaba no tenían puerto para USB, sí tenían una gran falla de seguridad: una unidad para copiar CD. Un día el recluta, que trabajaba 14 horas diarias y se sentía aislado e ignorado, marcó un disco con el nombre de la cantante Lady Gaga y descargó ahí toda la información confidencial. Luego se la pasó a Julian Assange, en ese momento un desconocido que pronto se convertiría en una amenaza para Estados Unidos por publicar los documentos que supuestamente le pasó Manning. El joven fue delatado por Adrián Lamo, un reputado hacker de origen colombiano, a quien contactó para que le aconsejara qué hacer con tanta información valiosa. Unos dicen que Lamo traicionó su confianza por lealtad con Estados Unidos, pero otros aseguran que lo hizo porque se asustó al enterarse de un secreto tan gordo.
Manning nació en Crescent, un pueblo pequeñísimo y ultracatólico de Oklahoma, donde desde niño empezó a cuestionarse la fe que le trataban de imponer. Sus compañeros de colegio lo recuerdan como un niño inteligente y estudioso que, mientras ellos jugaban en el parque, conversaba con sus pocos amigos sobre política y religión. Pasaba las tardes al frente de un computador, por lo que a los 11 años ya había creado su propia página de Internet. Heredó la afición por la informática de su papá, Brian, un estricto militar retirado, experto en temas de tecnología que había conocido a la mamá de Bradley en Gales, adonde viajó por una misión del Ejército.
El introvertido joven tenía 13 años cuando su mamá decidió separarse de Brian y devolverse para Gales con sus hijos. Entonces Bradley citó a su mejor amigo en una casita en un árbol, se despidió de él y le contó que era homosexual, un secreto que se había guardado por temor a las represalias de sus compañeros y sus familiares. Sus relaciones escolares no mejoraron en el Reino Unido. Allá lo recuerdan como un tipo callado y obsesionado con los computadores, a quien solían molestar por afeminado.
Tras graduarse del colegio volvió a la casa paterna, pero le tocó irse muy pronto. Él diría tiempo después que su papá lo echó al enterarse de que era gay. Su papá sostiene, no obstante, que se fue por su propia voluntad. Lo cierto es que días antes de dejar la casa, su madrastra llamó al 911 para pedir ayuda, pues el hijo de su marido los estaba amenazando con un cuchillo de cocina. Nunca se confirmó si la denuncia era cierta. Bradley viajó luego de una ciudad a otra, trabajó en cafés y pizzerías, consiguió novio y se enlistó para tener estabilidad. Durante años tuvo que callar sus preferencias por una política, según la cual, los homosexuales podían ingresar al Ejército mientras no hablaran abiertamente de su gusto por otros hombres.
Poco después resolvió formar parte de la mayor filtración de la historia. Se sentía desesperado, inútil y demasiado solo en Irak. Hoy Manning está aislado en una celda diminuta, sometido a todo tipo de humillaciones, mientras espera una condena ejemplar. Quienes lo conocen afirman que hizo lo que hizo porque era idealista y quería cambiar el mundo, un lugar que siempre le resultó hostil.
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