A mis cuarenta y diez,
cuarenta y nueve dicen que aparento,
más antes que después,
he de enfrentarme al delicado momento
de empezar a pensar
en recogerme, de sentar la cabeza,
de resignarme a dictar testamento
(perdón por la tristeza).
Para que mis allegados, condenados
a un ingrato futuro,
no sufran lo que he sufrido, he decidido
no dejarles ni un duro,
sólo derechos de amor,
un siete en el corazón y un mar de dudas,
a condición de que no
los malvendan, en el rastro, mis viudas.
Y, cuando, a mi Rocio,
le escueza el alma y pase la varicela,
y, un rojo escalofrío,
marque la edad del pavo de mi Carmela,
tendrán un mal ejemplo, un hulla hop
y un D’Artacán que les ladre,
por cada beso que les regateó
el fanfarrón de su padre.
Pero sin prisas, que, a las misas
de réquiem, nunca fui aficionado,
que, el traje de madera, que estrenaré,
no está siquiera plantado,
que, el cura, que ha de darme la extremaunción,
no es todavía monaguillo,
que, para ser comercial, a esta canción
le falta un buen estribillo.
Desde que salgo con la pálida dama
ando más muerto que vivo,
pero dormir el sueño eterno en su cama
me parece excesivo,
y, eso que nunca he renunciado a buscar,
en unos labios abiertos,
dicen que hay besos de esos que, te los dan,
y resucitan a un muerto.
Y, si a mi tumba, os acercáis de visita,
el día de mi cumpleaños,
y no os atiendo, esperádme, en la salita,
hasta que vuelva del baño.
¿A quién le puede importar,
después de muerto, que uno tenga sus vicios…?
el día del juicio final
puede que Dios sea mi abogado de oficio.
Pero sin prisas, que, a las misas
de réquiem, nunca fui aficionado,
que, el traje de madera, que estrenaré,
no está siquiera plantado,
que, el cura, que ha de darme la extremaunción,
no es todavía monaguillo,
que, para ser comercial, a esta canción
le falta un buen estribillo.
Sabina
"La única diferencia entre un loco y yo es que yo no estoy loco." Salvador Dali
jueves, 31 de marzo de 2011
Una cancion que le dedico a mi padre
Poema 5
Para que tú me oigas
mis palabras
se adelgazan a veces
como las huellas de las gaviotas en las playas.
Collar, cascabel ebrio
para tus manos suaves como las uvas.
Y las miro lejanas mis palabras.
Más que mías son tuyas.
Van trepando en mi viejo dolor como las yedras.
Ellas trepan así por las paredes húmedas.
Eres tú la culpable de este juego sangriento.
Ellas están huyendo de mi guarida oscura.
Todo lo llenas tú, todo lo llenas.
Antes que tú poblaron la soledad que ocupas,
y están acostumbradas más que tú a mi tristeza.
Ahora quiero que digan lo que quiero decirte
para que tú las oigas como quiero que me oigas.
El viento de la angustia aún las suele arrastrar.
Huracanes de sueños aún a veces las tumban
Escuchas otras voces en mi voz dolorida.
Llanto de viejas bocas, sangre de viejas súplicas.
Ámame, compañera. No me abandones. Sígueme.
Sígueme, compañera, en esa ola de angustia.
Pero se van tiñendo con tu amor mis palabras.
Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas.
Voy haciendo de todas un collar infinito
para tus blancas manos, suaves como las uvas.
mis palabras
se adelgazan a veces
como las huellas de las gaviotas en las playas.
Collar, cascabel ebrio
para tus manos suaves como las uvas.
Y las miro lejanas mis palabras.
Más que mías son tuyas.
Van trepando en mi viejo dolor como las yedras.
Ellas trepan así por las paredes húmedas.
Eres tú la culpable de este juego sangriento.
Ellas están huyendo de mi guarida oscura.
Todo lo llenas tú, todo lo llenas.
Antes que tú poblaron la soledad que ocupas,
y están acostumbradas más que tú a mi tristeza.
Ahora quiero que digan lo que quiero decirte
para que tú las oigas como quiero que me oigas.
El viento de la angustia aún las suele arrastrar.
Huracanes de sueños aún a veces las tumban
Escuchas otras voces en mi voz dolorida.
Llanto de viejas bocas, sangre de viejas súplicas.
Ámame, compañera. No me abandones. Sígueme.
Sígueme, compañera, en esa ola de angustia.
Pero se van tiñendo con tu amor mis palabras.
Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas.
Voy haciendo de todas un collar infinito
para tus blancas manos, suaves como las uvas.
Ay señor donde andas metido
Sandra
Aun me gustas demasiado, suficiente como para sentir un vació en el pecho cuando no te veo, sin embargo se que solo es el resultado de una ilusión superflua.
Yo y la musica
Una pasión que cargo es la música, aunque no la he podido explotar en parte por mi mal educado oído de artillero, lo primero que haré con mi sueldo sera comprar una guitarra. y aprender a tocar lo mejor posible mientras mis dedos me lo permitan.
El amor no es un juego de niños
Para reflexionar un poco a ver si entendemos que es el amor
Varias ideas y ocurrencias en la mañana de un jueves tranquilo
Aparentemente debo continuar escribiendo acerca de lo que sea, saldré de la monotonía de mi existencia y empezare a vivir nuevamente, el ejercicio es buen aliado y es algo que no había hecho antes. pero es útil, me he dado cuenta además de una cantidad de errores cometidos una y otra vez en un circulo vicioso sin percatarme de ellos, creo que siento nuevos aires en mi existencia, el viento esta soplando a favor y yo debo elevar las velas, pero hay ciertas cosas que me incomodan la imposibilidad de permitirme tomar el timón sin necesidad de un copiloto me molesta un poco, creo que afecta mi alter ego narcisista que siempre se a creído superior al resto y ahora se da cuenta que le faltaban ciertas bases y sin ellas no podría continuar. ahora estoy aquí arrancando no precisamente de cero tengo las bases ,la idea, debo fortalecer esta idea, debo hacerla única y darle cuerpo.
No hay peor ciego que el que no quiere ver reza un dicho y yo al fin abrí los ojos que ciego estaba. fuera de todo este discurso se me acaba de ocurrir que tengo ciertos aspectos de mi psique ligados a los de mi padre, me pregunto que tan parecidos somos aparte de la apariencia física. Y bueno tengo un blog creo que prefiero este blog a las redes sociales. es mas entrenido y mas útil, aunque no se quien en el mundo lo vera seguiré escribiendo.
martes, 29 de marzo de 2011
Matematicamente comprobado.. Mujer = problemas
She fucking hates me....esta va para ella.
Cae la noche
El día termino, la guerra en libia continua y la tragedia en japón aun crea polémica por la seguridad de las plantas nucleares, fue un buen día, no tengo problemas con nadie, y aun me agrada tu compañía aparte de eso comienzo a descubrir el poco léxico que tengo. me estoy perdiendo Dr house una de mis series favoritas, vaya que poco inventario de mi rutina, hace un calor bochornoso, bueno no vale la pena andar redundando los mismos temas. dejemos así por hoy.
te vi, ya no siento lo de antes, pero te siento aun.
4:15 de la tarde
Qu calor insoportable, bochorno mejor dicho, las cosas en el mundo no cambian, pero no todo esta perdido. creo que debo leer un par de libros nuevos, voy a buscar algo interesante.
Brindemos
Por la personas que a la menor brevedad nos lanzan al olvido.
"Cuando siento algo diferente dentro de mi
miro siempre en la dirección donde yo nací
y si la orientación no me falla hoy
estoy mirándote desde Madrid
de esta posición estas muy bien
la ultima vez que nos vimos éramos primos
la próxima vez tal vez seamos extraños
según pasan los años puede ser que llegue a ser
un viejo desconocido
el novio del olvido
el novio del olvido." Calamaro
"Cuando siento algo diferente dentro de mi
miro siempre en la dirección donde yo nací
y si la orientación no me falla hoy
estoy mirándote desde Madrid
de esta posición estas muy bien
la ultima vez que nos vimos éramos primos
la próxima vez tal vez seamos extraños
según pasan los años puede ser que llegue a ser
un viejo desconocido
el novio del olvido
el novio del olvido." Calamaro
Del inconveniente de haber nacido-libro de Cioran para descargar hay dejo el link para que no se me olvide
Del inconveniente de haber nacido-fragmentos
Tres de la mañana. Percibo este segundo, después este otro; hago el balance de cada minuto. ¿A qué viene todo esto? A que he nacido. De cierto tipo de vigilias viene la inculpación del nacimiento.
* * *
«Desde que estoy en el mundo», ese desde me parece cargado de un significado tan espantoso, que se torna insoportable.
* * *
Hay un conocimiento que quita peso y alcance a lo que uno hace; hasta el extremo él todo carece de fundamento, salvo él mismo. Puro, hasta el extremo, de abominar incluso de la idea de objeto, expresa esa suma sabiduría según la cual es la misma cosa cometer o no cometer un acto, implicando, al mismo tiempo, una satisfacción también extrema: la de poder repetirse en cada momento que nada de cuanto se haga merece la pena, que nada está realzado por ningún signo sustancial, que la «realidad» se inscribe en el dominio de la insensatez. Un conocimiento de esa clase merecería ser llamado póstumo, ya que se presenta como si el conocedor estuviera viva y no vivo, y no como si fuera ser y reminiscencia de ser. «Es cosa pasada», dice de todo lo que ejecuta en el instante mismo de la acción que, de esa manera, queda para siempre desprovista de presente.
* * *
«Desde que estoy en el mundo», ese desde me parece cargado de un significado tan espantoso, que se torna insoportable.
* * *
Hay un conocimiento que quita peso y alcance a lo que uno hace; hasta el extremo él todo carece de fundamento, salvo él mismo. Puro, hasta el extremo, de abominar incluso de la idea de objeto, expresa esa suma sabiduría según la cual es la misma cosa cometer o no cometer un acto, implicando, al mismo tiempo, una satisfacción también extrema: la de poder repetirse en cada momento que nada de cuanto se haga merece la pena, que nada está realzado por ningún signo sustancial, que la «realidad» se inscribe en el dominio de la insensatez. Un conocimiento de esa clase merecería ser llamado póstumo, ya que se presenta como si el conocedor estuviera viva y no vivo, y no como si fuera ser y reminiscencia de ser. «Es cosa pasada», dice de todo lo que ejecuta en el instante mismo de la acción que, de esa manera, queda para siempre desprovista de presente.
* * *
No corremos hacia la muerte; huimos de la catástrofe del nacimiento. Nos debatimos como sobrevivientes que tratan de olvidarla. El miedo a la muerte no es sino la proyección hacia el futuro de otro miedo que se remonta a nuestro primer momento. Nos repugna, es verdad, considerar al nacimiento una calamidad: ¿acaso no nos han inculcado que se trata del supremo bien y que lo peor se sitúa al final, y no al principio, de nuestra carrera? Sin embargo, el mal, el verdadero mal, está detrás, y no delante de nosotros. Lo que a Cristo se le escapó, Buda lo ha comprendido: «Si tres cosas no existieran en el mundo, oh discípulos, lo Perfecto no aparecería en el mundo...» Y antes que la vejez y que la muerte, sitúa el nacimiento, fuente de todas las desgracias y de todos los desastres.
No corremos hacia la muerte; huimos de la catástrofe del nacimiento. Nos debatimos como sobrevivientes que tratan de olvidarla. El miedo a la muerte no es sino la proyección hacia el futuro de otro miedo que se remonta a nuestro primer momento. Nos repugna, es verdad, considerar al nacimiento una calamidad: ¿acaso no nos han inculcado que se trata del supremo bien y que lo peor se sitúa al final, y no al principio, de nuestra carrera? Sin embargo, el mal, el verdadero mal, está detrás, y no delante de nosotros. Lo que a Cristo se le escapó, Buda lo ha comprendido: «Si tres cosas no existieran en el mundo, oh discípulos, lo Perfecto no aparecería en el mundo...» Y antes que la vejez y que la muerte, sitúa el nacimiento, fuente de todas las desgracias y de todos los desastres.
E. M. Cioran
LA NOCHE DE LOS FEOS
Ambos somos feos. Ni siquiera vulgarmente feos. Ella tiene un pómulo hundido. Desde los ocho años, cuando le hicieron la operación. Mi asquerosa marca junto a la boca viene de una quemadura feroz, ocurrida a comienzos de mi adolescencia.
Tampoco puede decirse que tengamos ojos tiernos, esa suerte de faros de justificación por los que a veces los horribles consiguen arrimarse a la belleza. No, de ningún modo. Tanto los de ella como los míos son ojos de resentimiento, que sólo reflejan la poca o ninguna resignación con que enfrentamos nuestro infortunio. Quizá eso nos haya unido. Tal vez unido no sea la palabra más apropiada. Me refiero al odio implacable que cada uno de nosotros siente por su propio rostro.
Nos conocimos a la entrada del cine, haciendo cola para ver en la pantalla a dos hermosos cualesquiera. Allí fue donde por primera vez nos examinamos sin simpatía pero con oscura solidaridad; allí fue donde registramos, ya desde la primera ojeada, nuestras respectivas soledades. En la cola todos estaban de a dos, pero además eran auténticas parejas: esposos, novios, amantes, abuelitos, vaya uno a saber. Todos -de la mano o del brazo- tenían a alguien. Sólo ella y yo teníamos las manos sueltas y crispadas.
Nos miramos las respectivas fealdades con detenimiento, con insolencia, sin curiosidad. Recorrí la hendidura de su pómulo con la garantía de desparpajo que me otorgaba mi mejilla encogida. Ella no se sonrojó. Me gustó que fuera dura, que devolviera mi inspección con una ojeada minuciosa a la zona lisa, brillante, sin barba, de mi vieja quemadura.
Por fin entramos. Nos sentamos en filas distintas, pero contiguas. Ella no podía mirarme, pero yo, aun en la penumbra, podía distinguir su nuca de pelos rubios, su oreja fresca bien formada. Era la oreja de su lado normal.
Durante una hora y cuarenta minutos admiramos las respectivas bellezas del rudo héroe y la suave heroína. Por lo menos yo he sido siempre capaz de admirar lo lindo. Mi animadversión la reservo para mi rostro y a veces para Dios. También para el rostro de otros feos, de otros espantajos. Quizá debería sentir piedad, pero no puedo. La verdad es que son algo así como espejos. A veces me pregunto qué suerte habría corrido el mito si Narciso hubiera tenido un pómulo hundido, o el ácido le hubiera quemado la mejilla, o le faltara media nariz, o tuviera una costura en la frente.
La esperé a la salida. Caminé unos metros junto a ella, y luego le hablé. Cuando se detuvo y me miró, tuve la impresión de que vacilaba. La invité a que charláramos un rato en un café o una confitería. De pronto aceptó.
La confitería estaba llena, pero en ese momento se desocupó una mesa. A medida que pasábamos entre la gente, quedaban a nuestras espaldas las señas, los gestos de asombro. Mis antenas están particularmente adiestradas para captar esa curiosidad enfermiza, ese inconsciente sadismo de los que tienen un rostro corriente, milagrosamente simétrico. Pero esta vez ni siquiera era necesaria mi adiestrada intuición, ya que mis oídos alcanzaban para registrar murmullos, tosecitas, falsas carrasperas. Un rostro horrible y aislado tiene evidentemente su interés; pero dos fealdades juntas constituyen en sí mismas un espectáculos mayor, poco menos que coordinado; algo que se debe mirar en compañía, junto a uno (o una) de esos bien parecidos con quienes merece compartirse el mundo.
Nos sentamos, pedimos dos helados, y ella tuvo coraje (eso también me gustó) para sacar del bolso su espejito y arreglarse el pelo. Su lindo pelo.
"¿Qué está pensando?", pregunté.
Ella guardó el espejo y sonrió. El pozo de la mejilla cambió de forma.
"Un lugar común", dijo. "Tal para cual".
Hablamos largamente. A la hora y media hubo que pedir dos cafés para justificar la prolongada permanencia. De pronto me di cuenta de que tanto ella como yo estábamos hablando con una franqueza tan hiriente que amenazaba traspasar la sinceridad y convertirse en un casi equivalente de la hipocresía. Decidí tirarme a fondo.
"Usted se siente excluida del mundo, ¿verdad?"
"Sí", dijo, todavía mirándome.
"Usted admira a los hermosos, a los normales. Usted quisiera tener un rostro tan equilibrado como esa muchachita que está a su derecha, a pesar de que usted es inteligente, y ella, a juzgar por su risa, irremisiblemente estúpida."
"Sí."
Por primera vez no pudo sostener mi mirada.
"Yo también quisiera eso. Pero hay una posibilidad, ¿sabe?, de que usted y yo lleguemos a algo."
"¿Algo cómo qué?"
"Como querernos, caramba. O simplemente congeniar. Llámele como quiera, pero hay una posibilidad."
Ella frunció el ceño. No quería concebir esperanzas.
"Prométame no tomarme como un chiflado."
Tampoco puede decirse que tengamos ojos tiernos, esa suerte de faros de justificación por los que a veces los horribles consiguen arrimarse a la belleza. No, de ningún modo. Tanto los de ella como los míos son ojos de resentimiento, que sólo reflejan la poca o ninguna resignación con que enfrentamos nuestro infortunio. Quizá eso nos haya unido. Tal vez unido no sea la palabra más apropiada. Me refiero al odio implacable que cada uno de nosotros siente por su propio rostro.
Nos conocimos a la entrada del cine, haciendo cola para ver en la pantalla a dos hermosos cualesquiera. Allí fue donde por primera vez nos examinamos sin simpatía pero con oscura solidaridad; allí fue donde registramos, ya desde la primera ojeada, nuestras respectivas soledades. En la cola todos estaban de a dos, pero además eran auténticas parejas: esposos, novios, amantes, abuelitos, vaya uno a saber. Todos -de la mano o del brazo- tenían a alguien. Sólo ella y yo teníamos las manos sueltas y crispadas.
Nos miramos las respectivas fealdades con detenimiento, con insolencia, sin curiosidad. Recorrí la hendidura de su pómulo con la garantía de desparpajo que me otorgaba mi mejilla encogida. Ella no se sonrojó. Me gustó que fuera dura, que devolviera mi inspección con una ojeada minuciosa a la zona lisa, brillante, sin barba, de mi vieja quemadura.
Por fin entramos. Nos sentamos en filas distintas, pero contiguas. Ella no podía mirarme, pero yo, aun en la penumbra, podía distinguir su nuca de pelos rubios, su oreja fresca bien formada. Era la oreja de su lado normal.
Durante una hora y cuarenta minutos admiramos las respectivas bellezas del rudo héroe y la suave heroína. Por lo menos yo he sido siempre capaz de admirar lo lindo. Mi animadversión la reservo para mi rostro y a veces para Dios. También para el rostro de otros feos, de otros espantajos. Quizá debería sentir piedad, pero no puedo. La verdad es que son algo así como espejos. A veces me pregunto qué suerte habría corrido el mito si Narciso hubiera tenido un pómulo hundido, o el ácido le hubiera quemado la mejilla, o le faltara media nariz, o tuviera una costura en la frente.
La esperé a la salida. Caminé unos metros junto a ella, y luego le hablé. Cuando se detuvo y me miró, tuve la impresión de que vacilaba. La invité a que charláramos un rato en un café o una confitería. De pronto aceptó.
La confitería estaba llena, pero en ese momento se desocupó una mesa. A medida que pasábamos entre la gente, quedaban a nuestras espaldas las señas, los gestos de asombro. Mis antenas están particularmente adiestradas para captar esa curiosidad enfermiza, ese inconsciente sadismo de los que tienen un rostro corriente, milagrosamente simétrico. Pero esta vez ni siquiera era necesaria mi adiestrada intuición, ya que mis oídos alcanzaban para registrar murmullos, tosecitas, falsas carrasperas. Un rostro horrible y aislado tiene evidentemente su interés; pero dos fealdades juntas constituyen en sí mismas un espectáculos mayor, poco menos que coordinado; algo que se debe mirar en compañía, junto a uno (o una) de esos bien parecidos con quienes merece compartirse el mundo.
Nos sentamos, pedimos dos helados, y ella tuvo coraje (eso también me gustó) para sacar del bolso su espejito y arreglarse el pelo. Su lindo pelo.
"¿Qué está pensando?", pregunté.
Ella guardó el espejo y sonrió. El pozo de la mejilla cambió de forma.
"Un lugar común", dijo. "Tal para cual".
Hablamos largamente. A la hora y media hubo que pedir dos cafés para justificar la prolongada permanencia. De pronto me di cuenta de que tanto ella como yo estábamos hablando con una franqueza tan hiriente que amenazaba traspasar la sinceridad y convertirse en un casi equivalente de la hipocresía. Decidí tirarme a fondo.
"Usted se siente excluida del mundo, ¿verdad?"
"Sí", dijo, todavía mirándome.
"Usted admira a los hermosos, a los normales. Usted quisiera tener un rostro tan equilibrado como esa muchachita que está a su derecha, a pesar de que usted es inteligente, y ella, a juzgar por su risa, irremisiblemente estúpida."
"Sí."
Por primera vez no pudo sostener mi mirada.
"Yo también quisiera eso. Pero hay una posibilidad, ¿sabe?, de que usted y yo lleguemos a algo."
"¿Algo cómo qué?"
"Como querernos, caramba. O simplemente congeniar. Llámele como quiera, pero hay una posibilidad."
Ella frunció el ceño. No quería concebir esperanzas.
"Prométame no tomarme como un chiflado."
"Prometo."
"La posibilidad es meternos en la noche. En la noche íntegra. En lo oscuro total. ¿Me entiende?"
"No."
"¡Tiene que entenderme! Lo oscuro total. Donde usted no me vea, donde yo no la vea. Su cuerpo es lindo, ¿no lo sabía?"
Se sonrojó, y la hendidura de la mejilla se volvió súbitamente escarlata.
"Vivo solo, en un apartamento, y queda cerca."
Levantó la cabeza y ahora sí me miró preguntándome, averiguando sobre mí, tratando desesperadamente de llegar a un diagnóstico.
"Vamos", dijo.
Se sonrojó, y la hendidura de la mejilla se volvió súbitamente escarlata.
"Vivo solo, en un apartamento, y queda cerca."
Levantó la cabeza y ahora sí me miró preguntándome, averiguando sobre mí, tratando desesperadamente de llegar a un diagnóstico.
"Vamos", dijo.
2
No sólo apagué la luz sino que además corrí la doble cortina. A mi lado ella respiraba. Y no era una respiración afanosa. No quiso que la ayudara a desvestirse.
Yo no veía nada, nada. Pero igual pude darme cuenta de que ahora estaba inmóvil, a la espera. Estiré cautelosamente una mano, hasta hallar su pecho. Mi tacto me transmitió una versión estimulante, poderosa. Así vi su vientre, su sexo. Sus manos también me vieron.
En ese instante comprendí que debía arrancarme (y arrancarla) de aquella mentira que yo mismo había fabricado. O intentado fabricar. Fue como un relámpago. No éramos eso. No éramos eso.
Tuve que recurrir a todas mis reservas de coraje, pero lo hice. Mi mano ascendió lentamente hasta su rostro, encontró el surco de horror, y empezó una lenta, convincente y convencida caricia. En realidad mis dedos (al principio un poco temblorosos, luego progresivamente serenos) pasaron muchas veces sobre sus lágrimas.
Entonces, cuando yo menos lo esperaba, su mano también llegó a mi cara, y pasó y repasó el costurón y el pellejo liso, esa isla sin barba de mi marca siniestra.
Lloramos hasta el alba. Desgraciados, felices. Luego me levanté y descorrí la cortina doble.
Yo no veía nada, nada. Pero igual pude darme cuenta de que ahora estaba inmóvil, a la espera. Estiré cautelosamente una mano, hasta hallar su pecho. Mi tacto me transmitió una versión estimulante, poderosa. Así vi su vientre, su sexo. Sus manos también me vieron.
En ese instante comprendí que debía arrancarme (y arrancarla) de aquella mentira que yo mismo había fabricado. O intentado fabricar. Fue como un relámpago. No éramos eso. No éramos eso.
Tuve que recurrir a todas mis reservas de coraje, pero lo hice. Mi mano ascendió lentamente hasta su rostro, encontró el surco de horror, y empezó una lenta, convincente y convencida caricia. En realidad mis dedos (al principio un poco temblorosos, luego progresivamente serenos) pasaron muchas veces sobre sus lágrimas.
Entonces, cuando yo menos lo esperaba, su mano también llegó a mi cara, y pasó y repasó el costurón y el pellejo liso, esa isla sin barba de mi marca siniestra.
Lloramos hasta el alba. Desgraciados, felices. Luego me levanté y descorrí la cortina doble.
FIN
Mario Benedetti
Quién me ha robado el mes de abril?
En la posada del fracaso,
donde no hay consuelo ni ascensor,
el desamparo y la humedad
comparten colchón
y cuando, por la calle,
pasa la vida, como un huracán,
el hombre del traje gris
saca un sucio calendario del
bolsillo y grita
¿quién me ha robado el mes de abril?
¿Pero cómo pudo sucederme a mí?
¿Quién me ha robado el mes de abril?
Lo guardaba en el cajón
donde guardo el corazón.
La chica de BUP casi todas
las asignaturas suspendió
el curso en que preñada
aquel chaval la dejó y cuando en la pizarra
pasa lista en profe de latín
lágrimas de desamor
ruedan por la página de un bloc
y en él escribe
¿quién me ha robado el mes de abril?
¿Cómo pudo sucederme a mí?
¿Pero quién me ha robado el mes de abril?
Lo guardaba en el cajón
donde guardo el corazón.
El marido de mi madre
que en el último tren se largó
con una peluquera
veinte años menor
y cuando exiben esas risas
de Instamatic en París,
derrotada en el sillón,
se marchita viendo Falcon Crest
mi vieja y piensa
¿quién me ha robado el mes de abril?
¿Cómo pudo sucederme a mí?
¿Pero quién me ha robado el mes de abril?
Lo guardaba en el cajón
donde guardo el corazón.
Joaquín Sabina
donde no hay consuelo ni ascensor,
el desamparo y la humedad
comparten colchón
y cuando, por la calle,
pasa la vida, como un huracán,
el hombre del traje gris
saca un sucio calendario del
bolsillo y grita
¿quién me ha robado el mes de abril?
¿Pero cómo pudo sucederme a mí?
¿Quién me ha robado el mes de abril?
Lo guardaba en el cajón
donde guardo el corazón.
La chica de BUP casi todas
las asignaturas suspendió
el curso en que preñada
aquel chaval la dejó y cuando en la pizarra
pasa lista en profe de latín
lágrimas de desamor
ruedan por la página de un bloc
y en él escribe
¿quién me ha robado el mes de abril?
¿Cómo pudo sucederme a mí?
¿Pero quién me ha robado el mes de abril?
Lo guardaba en el cajón
donde guardo el corazón.
El marido de mi madre
que en el último tren se largó
con una peluquera
veinte años menor
y cuando exiben esas risas
de Instamatic en París,
derrotada en el sillón,
se marchita viendo Falcon Crest
mi vieja y piensa
¿quién me ha robado el mes de abril?
¿Cómo pudo sucederme a mí?
¿Pero quién me ha robado el mes de abril?
Lo guardaba en el cajón
donde guardo el corazón.
Joaquín Sabina
LA CANCIÓN DESESPERADA
Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy.
El río anuda al mar su lamento obstinado.
El río anuda al mar su lamento obstinado.
Abandonado como los muelles en el alba.
Es la hora de partir, oh abandonado!.
Es la hora de partir, oh abandonado!.
Sobre mi corazón llueven frías corolas.
Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos!
Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos!
En ti se acumularon las guerras y los vuelos.
De ti alzaron las alas los pájaros del canto.
De ti alzaron las alas los pájaros del canto.
Todo te lo tragaste, como la lejanía.
Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio!
Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio!
En la infancia de niebla mi alma alada y herida.
Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!
Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!
Era la alegre hora del asalto y el beso.
La hora del estupor que ardía como un faro.
La hora del estupor que ardía como un faro.
Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego,
turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio!
turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio!
Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo.
Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio!
Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio!
Hice retroceder la muralla de sombra,
anduve más allá del deseo y del acto.
anduve más allá del deseo y del acto.
Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí,
a ti esta hora húmeda, evoco y hago canto.
a ti esta hora húmeda, evoco y hago canto.
Como un vaso albergaste la infinita ternura,
y el infinito olvido te trizó como a un vaso.
y el infinito olvido te trizó como a un vaso.
Era la negra, negra soledad de las islas,
y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos.
y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos.
Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta.
Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro.
Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro.
Ah mujer, no sé como pudiste contenerme
en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos!
en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos!
Mi deseo de ti fue el más terrible y corto,
el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido.
Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas,
aún los racimos arden picoteados de pájaros.
el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido.
Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas,
aún los racimos arden picoteados de pájaros.
Oh la boca mordida, oh los besados miembros,
oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados.
oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados.
Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo
en que nos anudamos y nos desesperamos.
en que nos anudamos y nos desesperamos.
Y la ternura, leve como el agua y la harina.
Y la palabra apenas comenzada en los labios.
Y la palabra apenas comenzada en los labios.
Ése fue mi destino y en él viajó mi anhelo,
y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio!
y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio!
Oh, sentina de escombros, en ti todo caía,
qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron!
qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron!
De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste.
De pie como un marino en la proa de un barco.
De pie como un marino en la proa de un barco.
Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes.
Oh sentina de escombros, pozo abierto y amago.
Oh sentina de escombros, pozo abierto y amago.
Pálido buzo ciego, desventurado hondero,
descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!
descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!
Es la hora de partir, la dura y fría hora
que la noche sujeta a todo horario.
que la noche sujeta a todo horario.
El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa.
Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros.
Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros.
Abandonado como los muelles en el alba.
Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos.
Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos.
Ah más allá de todo. Ah más allá de todo.
Es la hora de partir. Oh abandonado!.
Pablo Neruda
EL OTRO YO
Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la naríz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo.
El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente , se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse imcómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.
Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo que hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañama siguiente se habia suicidado.
Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser enteramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó.
Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió a la calle con el propósito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le lleno de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas.
Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: «Pobre Armando. Y pensar que parecía tan fuerte y saludable».
El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.
Mario Benedetti
A imagen y semejanza
Era la última hormiga de la caravana, y no pudo seguir la ruta de sus compañeras. Un terrón de azúcar había resbalado desde lo alto, quebrándose en varios terroncitos. Uno de éstos le interceptaba el paso. Por un instante la hormiga quedó inmóvil sobre el papel color crema. Luego, sus patitas delanteras tantearon el terrón.
Retrocedió, después se detuvo. Tomando sus patas traseras como casi punto fijo de apoyo, dio una vuelta alrededor de sí misma en el sentido de las agujas de un reloj. Sólo entonces se acercó de nuevo. Las patas delanteras se estiraron, en un primer intento de alzar el azúcar, pero fracasaron. Sin embargo, el rápido movimiento hizo que el terrón quedara mejor situado para la operación de carga.
Esta vez la hormiga acometió lateralmente su objetivo, alzó el terrón y lo sostuvo sobre su cabeza. Por un instante pareció vacilar, luego reinició el viaje, con un andar bastante más lento que el que traía. Sus compañeras ya estaban lejos, fuera del papel, cerca del zócalo. La hormiga se detuvo, exactamente en el punto en que la superficie por la que marchaba, cambiaba de color. Las seis patas hollaron una N mayúscula y oscura. Después de una momentánea detención, terminó por atravesarla. Ahora la superficie era otra vez clara. De pronto el terrón resbaló sobre el papel, partiéndose en dos.
La hormiga hizo entonces un recorrido que incluyó una detenida inspección de ambas porciones, y eligió la mayor. Cargó con ella, y avanzó. En la ruta, hasta ese instante libre, apareció una colilla aplastada. La bordeó lentamente, y cuando reapareció al otro lado del pucho, la superficie se había vuelto nuevamente oscura porque en ese instante el tránsito de la hormiga tenía lugar sobre una A. Hubo una leve corriente de aire, como si alguien hubiera soplado.
Hormiga y carga rodaron. Ahora el terrón se desarmó por completo. La hormiga cayó sobre sus patas y emprendió una enloquecida carrerita en círculo. Luego pareció tranquilizarse. Fue hacia uno de los granos de azúcar que antes había formado parte del medio terrón, pero no lo cargó. Cuando reinició su marcha no había perdido la ruta. Pasó rápidamente sobre una D oscura, y al reingresar en la zona clara, otro obstáculo la detuvo. Era un trocito de algo, un palito acaso tres veces más grande que ella misma. Retrocedió, avanzó, tanteó el palito, se quedó inmóvil durante unos segundos. Luego empezó la tarea de carga. Dos veces se resbaló el palito, pero al final quedó bien afirmado, como una suerte de mástil inclinado. Al pasar sobre el área de la segunda A oscura, el andar de la hormiga era casi triunfal. Sin embargo, no había avanzado dos centímetros por la superficie clara del papel, cuando algo o alguien movió aquella hoja y la hormiga rodó, más o menos replegada sobre sí misma. Sólo pudo reincorporarse cuando llegó a la madera del piso. A cinco centímetros estaba el palito.
La hormiga avanzó hasta él, esta vez con parsimonia, como midiendo cada séxtuple paso. Así y todo, llegó hasta su objetivo, pero cuando estiraba las patas delanteras, de nuevo corrió el aire y el palito rodó hasta detenerse diez centímetros más allá, semicaído en una de las rendijas que separaban los tablones del piso. Uno de los extremos, sin embargo, emergía hacia arriba. Para la hormiga, semejante posición representó en cierto modo una facilidad, ya que pudo hacer un rodeo a fin de intentar la operación desde un ángulo más favorable. Al cabo de medio minuto, la faena estaba cumplida. La carga, otra vez alzada, estaba ahora en una posición más cercana a la estricta horizontalidad. La hormiga reinició la marcha, sin desviarse jamás de su ruta hacia el zócalo. Las otras hormigas, con sus respectivos víveres, habían desaparecido por algún invisible agujero. Sobre la madera, la hormiga avanzaba más lentamente que sobre el papel. Un nudo, bastante rugoso de la tabla, significó una demora de más de un minuto. El palito estuvo a punto de caer, pero un particular vaivén del cuerpo de la hormiga aseguró su estabilidad. Dos centímetros más y un golpe resonó. Un golpe aparentemente dado sobre el piso. Al igual que las otras, esa tabla vibró y la hormiga dio un saltito involuntario, en el curso del cual, perdió su carga. El palito quedó atravesado en el tablón contiguo. El trabajo siguiente fue cruzar la hendidura, que en ese punto era bastante profunda. La hormiga se acercó al borde, hizo un leve avance erizado de alertas, pero aún así se precipitó en aquel abismo de centímetro y medio. Le llevó varios segundos rehacerse, escalar el lado opuesto de la hendidura y reaparecer en la superficie del siguiente tablón.
Ahí estaba el palito. La hormiga estuvo un rato junto a él, sin otro movimiento que un intermitente temblor en las patas delanteras. Después llevó a cabo su quinta operación de carga. El palito quedó horizontal, aunque algo oblicuo con respecto al cuerpo de la hormiga. Esta hizo un movimiento brusco y entonces la carga quedó mejor acomodada. A medio metro estaba el zócalo. La hormiga avanzó en la antigua dirección, que en ese espacio casualmente se correspondía con la veta. Ahora el paso era rápido, y el palito no parecía correr el menor riesgo de derrumbe. A dos centímetros de su meta, la hormiga se detuvo, de nuevo alertada. Entonces, de lo alto apareció un pulgar, un ancho dedo humano y concienzudamente aplastó carga y hormiga.
Mario Benedetti
Mario Benedetti
Dia provechoso
Empecé con 40 minutos de trote, una ducha, y una catarsis, son las 10 y 47 minutos y ya es un día aprovechado aun queda el resto de mañana, la tarde y la noche hoy descansare tranquilo.
lunes, 28 de marzo de 2011
Hoy te vi.
Acaso estoy incapacitado para sentir odio o desprecio, no importa como se comporte la gente siempre trato de ver el lado bueno del ser humano, y a decir verdad solo siento desprecio por personas que no conozco, y solo por que me he dado cuenta de lo que son capaces.
Casi se me pasa falta poco:
Continuas ocupando un lóbulo completo de mi cerebro, la lobotomia no fue suficiente tendré que arrancar un buen trozo de corteza cerebral
Lunes
Esta mañana esta rara, tuve una mala noche, me levante varias veces con una sensación de dolor producto del adormecimiento de mis extremidades no quise ir a trotar, ya llevo tres días sin trotar, me propongo retomarlo mañana temprano, es una mañana calurosa el ruido del colegio frente a mi casa es molesto, ya no sirvo para estar en mi casa. es supremamente tedioso, me bloquea totalmente, debe ser la rutina o el ruido. en este momento mientras escribo recuerdo que tengo que realizar ciertas tareas para mañana.
la prensa dice lo de siempre, guerra, y catástrofe, si no fuera ateo pensaría que el fin del mundo se aproxima.
domingo, 27 de marzo de 2011
Cuentas macabras
La Fiscalía está investigando 27.300 –veintisiete mil trescientos– casos de desaparición forzada. Son más que los que se cometieron en Argentina y Chile durante los años de plomo de las dictaduras militares.
Con los tres de la última semana -uno en Turbo, otro en San Onofre, otro en San José de Apartadó- ya son cincuenta los líderes campesinos involucrados en la lucha por la recuperación de las tierras expoliadas que han sido asesinados en los últimos tres años.
Christian Salazar, delegado de la ONU en Colombia para los Derechos Humanos, daba en estos días una información escalofriante, pero que por lo visto no le produjo escalofríos a casi nadie: la Fiscalía está investigando 27.300 -veintisiete mil trescientos- casos de desaparición forzada. Son más que los que se cometieron en Argentina y Chile durante los años de plomo de las dictaduras militares. La Unidad Nacional de Fiscalías para la Justicia y la Paz publica otra cifra, todavía más espeluznante: en cuatro años, de junio de 2006 a diciembre de 2010, los paramilitares en teoría "desmovilizados" y sus sucesores de las púdicamente llamadas "bandas criminales" (neoparamilitares en colaboración con elementos de la fuerza pública) han cometido 173.183 homicidios y 34.467 desapariciones forzadas. El columnista Alfredo Molano hace en El Espectador una cuenta macabra: si todos esos muertos hubieran sido fusilados en hilera, la fila de cadáveres tendría ciento setenta y tres kilómetros de largo.
Christian Salazar, delegado de la ONU en Colombia para los Derechos Humanos, daba en estos días una información escalofriante, pero que por lo visto no le produjo escalofríos a casi nadie: la Fiscalía está investigando 27.300 -veintisiete mil trescientos- casos de desaparición forzada. Son más que los que se cometieron en Argentina y Chile durante los años de plomo de las dictaduras militares. La Unidad Nacional de Fiscalías para la Justicia y la Paz publica otra cifra, todavía más espeluznante: en cuatro años, de junio de 2006 a diciembre de 2010, los paramilitares en teoría "desmovilizados" y sus sucesores de las púdicamente llamadas "bandas criminales" (neoparamilitares en colaboración con elementos de la fuerza pública) han cometido 173.183 homicidios y 34.467 desapariciones forzadas. El columnista Alfredo Molano hace en El Espectador una cuenta macabra: si todos esos muertos hubieran sido fusilados en hilera, la fila de cadáveres tendría ciento setenta y tres kilómetros de largo.
Todo esto se publica en los periódicos, y se comenta. Pero la justicia no avanza mucho. Hay casos comprobados de desaparición forzada seguida de asesinato que están empantanados a fuerza de argucias jurídicas desde 1987: desde hace treinta y cuatro años. Es el de Nydia Érika Bautista, citado en estos días en El Tiempo por el abogado Gustavo Gallón. Argucias jurídicas que serían cómicas si no fueran cínicas: por ejemplo, la de alegar que cuando sucedieron los hechos -por los cuales fue destituido el general Álvaro Velandia, en ese entonces comandante de la siniestra Brigada XX de Inteligencia del Ejército- la desaparición forzada no estaba tipificada como falta disciplinaria. Y entre tantos, testigos de los hechos, y la familia de la víctima, y el procurador delegado para los Derechos Humanos, Hernando Valencia Villa, que destituyó al general, han tenido que buscar refugio en el exilio para que no los maten también a ellos.
Porque aquí todo asesinato genera dos o tres más. Aquí se mata también a las familias, y a los testigos, y a los jueces. Hace tres días fue asesinada la juez que investigaba el caso de los niños violados y asesinados por militares -hay un soldado preso- en Arauca.
Tienen razón los nostálgicos del pasado gobierno que denuncian que hay inseguridad. La hay, sin duda. Pero es bueno mirar para quién.
Porque, como decía, la justicia no avanza mucho. Y a veces retrocede, como en el caso de la juez asesinada. Mencioné el ejemplo empantanado de la desaparecida Nydia Érika Bautista, y no se trata de una excepción. Igualmente empantanado sigue el juicio emprendido contra militares de alto rango por un hecho aún más antiguo, como fue la desaparición de los detenidos en la contratoma del Palacio de Justicia, en noviembre de 1985. Todo se empantana y se pierde en una marea de olvido y de indiferencia. Y no pasa nada.
O más bien, al contrario, por eso pasa lo que pasa. Por eso sigue pasando lo que sigue pasando. Porque hay quienes piensan que ese olvido, y tal vez esa indiferencia, son condiciones necesarias para la reconciliación nacional. Para el "desarme de los espíritus" tantas veces mentado en nuestros últimos decenios de historia de sangre. Pero esos mismos decenios de sangre demuestran lo contrario: es el olvido de la sangre lo que hace que siga corriendo.
Por lo cual lo más probable es que tengamos que seguir haciendo cuentas macabras.
Porque aquí todo asesinato genera dos o tres más. Aquí se mata también a las familias, y a los testigos, y a los jueces. Hace tres días fue asesinada la juez que investigaba el caso de los niños violados y asesinados por militares -hay un soldado preso- en Arauca.
Tienen razón los nostálgicos del pasado gobierno que denuncian que hay inseguridad. La hay, sin duda. Pero es bueno mirar para quién.
Porque, como decía, la justicia no avanza mucho. Y a veces retrocede, como en el caso de la juez asesinada. Mencioné el ejemplo empantanado de la desaparecida Nydia Érika Bautista, y no se trata de una excepción. Igualmente empantanado sigue el juicio emprendido contra militares de alto rango por un hecho aún más antiguo, como fue la desaparición de los detenidos en la contratoma del Palacio de Justicia, en noviembre de 1985. Todo se empantana y se pierde en una marea de olvido y de indiferencia. Y no pasa nada.
O más bien, al contrario, por eso pasa lo que pasa. Por eso sigue pasando lo que sigue pasando. Porque hay quienes piensan que ese olvido, y tal vez esa indiferencia, son condiciones necesarias para la reconciliación nacional. Para el "desarme de los espíritus" tantas veces mentado en nuestros últimos decenios de historia de sangre. Pero esos mismos decenios de sangre demuestran lo contrario: es el olvido de la sangre lo que hace que siga corriendo.
Por lo cual lo más probable es que tengamos que seguir haciendo cuentas macabras.
Por Antonio Caballero
Este pueblo macondiano ya no me sorprende tanto, creo que me estoy volviendo curtido
creo que despues de todo no estoy tan equivocado por ser ateo, la religion terminara por morir. pero el hombre siempre buscara algo en que creer.
"¿El fin de la religión?
Un grupo de físicos de la Universidad de Arizona y la Corporación Científica para el Avance de la Ciencia de Estados Unidos señaló que dentro de unos años nueve países dejarán a un lado sus creencias religiosas y espirituales.
Un grupo de físicos de la Universidad de Arizona y la Corporación Científica para el Avance de la Ciencia de Estados Unidos señaló que dentro de unos años nueve países dejarán a un lado sus creencias religiosas y espirituales. La polémica investigación se basó en un modelo matemático desarrollado por los científicos, según el cual en aquellas sociedades modernas en las que es más útil no creer que tener fe, la religión terminará por extinguirse. Los países en los que este fenómeno llegaría a presentarse, según el estudio, son Australia, Austria, Canadá, República Checa, Finlandia, Irlanda, Holanda, Nueva Zelanda y Suiza." tomado del periodico semana Sábado 26 Marzo 2011
sábado, 26 de marzo de 2011
Nacidos para perder~Joaquin Sabina
Soy del color de tu porvenir
me dijo el hombre del traje gris
“no eres mi tipo” le conteste
y aquella tarde aprendí a correr.
Al pisar la estación
le abrí la jaula a mi corazón.
Tras las montañas estaba el mar
la noche, el vértigo, la ciudad,
el mundo a cambio de una canción
me daba un plato, un beso, un colchón.
La única medalla que he ganado en la vida
era de hojalata y decepción.
No tenía salida el callejón del cuartel
para el desertor del batallón
de los nacidos para perder.
Prima del alma desnúdame
del traje gris, de la multitud,
devuélveme al camino del Sur
al país de la niñez
donde uno y uno sumaban tres.
La única medalla que me ha dado la vida
en el escenario la gané.
No tenía salida el callejón del cuartel
para el desertor del batallón
de los nacidos para perder.
me dijo el hombre del traje gris
“no eres mi tipo” le conteste
y aquella tarde aprendí a correr.
Al pisar la estación
le abrí la jaula a mi corazón.
Tras las montañas estaba el mar
la noche, el vértigo, la ciudad,
el mundo a cambio de una canción
me daba un plato, un beso, un colchón.
La única medalla que he ganado en la vida
era de hojalata y decepción.
No tenía salida el callejón del cuartel
para el desertor del batallón
de los nacidos para perder.
Prima del alma desnúdame
del traje gris, de la multitud,
devuélveme al camino del Sur
al país de la niñez
donde uno y uno sumaban tres.
La única medalla que me ha dado la vida
en el escenario la gané.
No tenía salida el callejón del cuartel
para el desertor del batallón
de los nacidos para perder.
Cosas que tiene la vida, que peligro una tercera guerra mundial, pero no creo que el ser humano sea tan tonto, aunque ya lo dijo einstein hay dos cosas que son infinitas el universo y la estupidez humana, de la primera tengo mis dudas de la segunda no.
el hombre delgado que no flaqueará jamás
soy un explorador solitario
que perdio la brujula y el mapa
y ustedes me han visto siempre en acto de servicio
dandolo todo a punto de perder la vida
desnudo como el primer dia
soy el hombre delgado que no flaqueará jamás
mis deseos no son ya sino nidos abandonados
y son insuficientes las explicaciones que nos han dado
luchare contra todos los que digan lo mismo que yo
y no me contradigan
soy el hombre delgado que no flaqueará jamás
querias ser libre pero que no te pasara nada
siento una simpatia natural y espontanea
hacia las cosas extraordinarias
y debido de estar en este lugar sin darme cuenta
soy el hombre delgado que no flaqueará jamás
soy el hombre delgado que no flaqueará jamás
veo misterios en algunas mujeres
y detectives en los hombres de hoy
saldre esta noche a embrutecerme un poco
y ya perdonaran si monto algun follon
pero con la firme intencion de caldear el ambiente
y armar un buen escandalo
soy el hombre delgado que no flaqueará jamás
el cantante se siente como en su casa
en cualquier escenario de la ciudad
en aquella patria la que llaman lejos
alli me podreis buscar donde se cruzan un siglo y un segundo y algo que cantar
soy el hombre delgado que no flaqueará jamás
querias ser libre pero que no te pasara nada
siento una simpatia natural y espontanea
hacia las cosas extraordinarias
y debido de estar en este lugar sin darme cuenta
soy el hombre delgado que no flaqueará jamás
soy el hombre delgado que no flaqueará jamás
sino estas dispuesto a todo
no te acerques demasiado a mi
ten cuidado con el delfin
con el contragrabado en el costado
nunca hago prisioneros
aunque los delincuentes buenos esten atontados
soy el hombre delgado que no flaqueará jamás
es hora de eligir entre morir ajusticiado o jubilado
y sacarme al aire los pañuelos de celopan
y decir adios a los que se van
extrañas lealtades compartiendo entidades
soy el hombre delgado que no flaqueará jamás
querias ser libre pero que no te pasara nada
siento una simpatia natural y espontanea
hacia las cosas extraordinarias
y debido de estar en este lugar sin darme cuenta
soy el hombre delgado que no flaqueará jamás
soy el hombre delgado que no flaqueará jamás
soy el hombre delgado que no flaqueará jamás
soy el hombre delgado que no flaqueará jamás
febrero 4
ahora resulta que debo resucitar, siempre es la conclusión de todo.
Sobre Cine
Acabo de ver nuevamente forrest gump, por primera ves me fije en la antagonista jenny, y me pregunto, cual es su finalidad en la película, siendo una persona normal, su vida esta plagada de desgracias desde la infancia, carga una cantidad enorme de demonios y solo toma malas decisiones pero siempre son sus decisiones, forrest en cambio parece guiado por una fuerza externa a punta de golpes de suerte y de explotar la única habilidad que tiene logra sacarle provecho a su estupidez, pero igual la única fuente de desesperación en su vida es Jenny, dos caras de una moneda, el sueño americano, y la libertad. en fin una buena pelicula por algo sera una pelicula de culto.
viernes, 25 de marzo de 2011
Sinceridad
Creo que esta calma te la debo a ti, y te lo agradezco, aunque lamento no haberte dado un aporte similar de habertelo dado serias algo parecido a un enemigo.
El hombre que aprendió a ladrar
Lo cierto es que fueron años de arduo y pragmático aprendizaje, con lapsos de desalineamiento en los que estuvo a punto de desistir. Pero al fin triunfó la perseverancia y Raimundo aprendió a ladrar. No a imitar ladridos, como suelen hacer algunos chistosos o que se creen tales, sino verdaderamente a ladrar. ¿Qué lo había impulsado a ese adiestramiento? Ante sus amigos se autoflagelaba con humor: "La verdad es que ladro por no llorar". Sin embargo, la razón más valedera era su amor casi franciscano hacia sus hermanos perros. Amor es comunicación.
¿Cómo amar entonces sin comunicarse?
Para Raimundo representó un día de gloria cuando su ladrido fue por fin comprendido por Leo, su hermano perro, y (algo más extraordinario aún) él comprendió el ladrido de Leo. A partir de ese día Raimundo y Leo se tendian, por lo general en los atardeceres, bajo la glorieta y dialogaban sobre tenas generales. A pesar de su amor por los hermanos perros, Raimundo nunca había imaginado que Leo tuviera una tan sagaz visión del mundo.
Por fin, una tarde se animó a preguntarle, en varios sobrios ladridos: "Dime, Leo, con toda franqueza: ¿qué opinás de mi forma de ladrar?". La respuesta de Leo fue bastante escueta y sincera: "Yo diría que lo haces bastante bien, pero tendrás que mejorar. Cuando ladras, todavía se te nota el acento humano." Mario Benedetti
¿Cómo amar entonces sin comunicarse?
Para Raimundo representó un día de gloria cuando su ladrido fue por fin comprendido por Leo, su hermano perro, y (algo más extraordinario aún) él comprendió el ladrido de Leo. A partir de ese día Raimundo y Leo se tendian, por lo general en los atardeceres, bajo la glorieta y dialogaban sobre tenas generales. A pesar de su amor por los hermanos perros, Raimundo nunca había imaginado que Leo tuviera una tan sagaz visión del mundo.
Por fin, una tarde se animó a preguntarle, en varios sobrios ladridos: "Dime, Leo, con toda franqueza: ¿qué opinás de mi forma de ladrar?". La respuesta de Leo fue bastante escueta y sincera: "Yo diría que lo haces bastante bien, pero tendrás que mejorar. Cuando ladras, todavía se te nota el acento humano." Mario Benedetti
"Su amor no era sencillo",
Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse. En realidad, su amor no era sencillo. Él padecía claustrofobia, y ella, agorafobia. Era sólo por eso que fornicaban en los umbrales.
Mario Benedetti.
Producto de la vejez
ultimamente no me reconozco a la hora de los partidos, nunca veia un partido de futbol, ahora hasta diferencio equipos segun la liga y se cual es mas fuerte y hasta sus figuras mas importantes, creo que me estoy convirtiendo en mi padre, pero a fin de cuentas es un pasatiempo -asta ahora me doy cuenta- entretenido.
Subiendo de nivel
Creo que ya no soy un padawan mi nivel de conocimiento a aumentado y el aprendizaje fue duro gracias maestro tu enseñanzas fueron importantes
para ser sincero estas son las ultimas lineas que voy a escribir sobre ella, quizás por que quiero hacerlo, y es que ya no me produce las mismas sensaciones osea creo que ya se me paso la guevonada, solo cuando te quitas la venda te das cuenta de la estupidez de tus acciones.
Un sueño que tuve hace algunos dias el 4 de febrero pa ser exacto
De repente camino a su lado, y su proximidad me hace sentir muy bien, sin embargo no la conozco, no se su nombre no se quien es ni por que camina a mi lado, somos un grupo de cuatro pero no conozco a los otros tres, dos hombre y ella. con su cabello castaño claro, su piel blanca, sus senos pequeños, su mirada esquiva, caminamos la calle al parecer sin rumbo, al menos yo no se para donde voy ellos si lo saben, intento mantenerme cerca de ella, intento hablarle, una campaña imposible dada mi poca perceptibilidad con las mujeres, de repente ella me habla ya no recuerdo sus palabras pero son simples, estamos comprando droga a un gibaro, es una buena casa de una familia adinerada pero no es la familia la dueña de la droga es el hijo quien se hace cargo, al parecer es éxtasis. me percato de la situación sin poder hacer nada al respecto solo esperando que la transacción termine. el tiempo pasa tan relativamente, casi imperceptible ya me encuentro en la calle, un auto nos espera el tipo de la droga nos regala unas dosis, y yo en esta relatividad de tiempo termino caminando con la chica que hasta ese momento hermosa y desconocida me acompañaba, por las calles de esa ciudad vieja no se para donde fueron los otros, y no me importa solo se que estoy con ella y que ella sonríe con cada una de las estupideces que le digo, eso es buena señal. Depronto de su bolsillo del jean desgastado que lleva puesto saca la droga que nos merendó el gibaro -nos la metemos o que- dice con un gesto amable. yo no hayo mejor lugar que un parque lleno de familias era una tarde de domingo no me había percatado busco el mejor árbol, la mejor sombra, la mejor brisa para estar con ella y nos sentamos a consumir esa droga que para mi hasta ese instante no existía no se si por efecto de la droga o por que motivo ya no nos encontrábamos en el parque, al parecer en medio de la traba buscamos un lugar mas privado o algo así, estaba totalmente pirado, ido, solo podía sostener su mano, era el hombre mas feliz del mundo en ese momento la droga el éxtasis era muy parecido al amor. estábamos entre sabanas nos besábamos no amábamos, yo acariciaba sus pequeños y firmes pechos hermosos, su cuerpo todo mio, eramos uno solo. pero algo nos interrumpió, de nuevo estoy en cali. las calle siguen igual de solitarias mis ideas siempre deambulando con vida propia, alguien se cuelga de mi hombro es ella.
Lo que paso ayer
y bueno, ayer me cogieron los testigos de jehová a darme cátedra, la verdad es bueno hablar de ves en cuando aunque sea con fanáticos es interesante intentar meterles unas ideas contrarias a su religión en la cabeza, aunque para ser sinceros solo me interesa una testigo de jehová cuya falda permite la apreciación de la curvatura de su trasero, y que trasero, al verme atendiendo a unos de sus pares creo que sera mas fácil que me vea como un buen tipo, es decir como un tipo loco de esos que hablan con un ser imaginario omnipotente, da igual vive en la esquina de mi cuadra a unas cuantas casas, pero creo que los testigos no la van muy bien con los ateos así que toco portarse como un buen cristiano, aunque a decir verdad no me intriga mucho eso de tener que lavarle el cerebro a esta nena, cuantos litros de ácido sulfúrico necesitare para lavar las capas de adoctrinamiento, creo que muchos pero aparte de eso parece una buena chica. creo que eso fue lo mas significativo del día de ayer bueno hay otra cosa que no comentare.
por otra parte mande una hoja de vida a unos ingenios, creo que entrare a hacer parte de la industria explotadora y desalmada, creo que que la vamos a hacer eso hace parte de madurar, osea de necesitar plata para echarte unos polvos pagando con regalos y detalles y no al contado.
miércoles, 23 de marzo de 2011
Que finalidad tiene un blog, a menos que sea para dar dinero creo que la única es perder algo de tiempo hablando de cosas que quizás solo te interesen a ti. tengo este blog abierto y no tengo pretensión alguna, es como un diario señoritero, solo faltaria la frase "querido diario", sin embargo lejos de la cursilería que pude provocar el cambio hormonal en las señoritas cada 28 días este blog es algo mas serio o eso creo no espero que nadie me siga pues yo no sigo ningún blog creo entre otras cosas que estos de los blogs al menos en latinoamerica es algo freak pues pocos amigos tienen uno sin embargo resulta al final bastante útil. es como hablar solo como una catarsis.
martes, 22 de marzo de 2011
Divagaciones de una mente errante y suicida. cuantos de mis otros yo murieron para poder ser quien soy.
Un dia normal
cae la lluvia, la serotonina esta alta, la calma es suficiente, siento que te amo pero se que esos sentimientos no tienen sentido. no me atormenta mas quererte un día nos fundiremos en un solo universo, somos después de todo fracciones de la misma energía.
viernes, 18 de marzo de 2011
No tengo ojos verdes, lastima nunca quise ser otro ahora lo quiero.
"... en todo caso, habia un solo túnel, oscuro y solitario: el mío".
cosas del medio día
Hay pequeñas cosas que valen la pena en este momento no se si tú seas una de ellas, la venda que cubría mis ojos se cayó, pero el panorama es mucho mejor al que esperaba. al ver como eres he visto como soy, al conocerte he empezado a conocerme. por tal mis sentimientos por ti no cambian.
Uno mas uno no existe
resulta que este mundo cada vez resulta mas básico, a parte de unos destellos de genialidad y hermosura que no dejan de sorprenderme cada día, el resto es una aplastante monotonía en un mundo de títeres. ¿acaso soy yo un títere? me pregunto con miedo y asombro, cuando me descubro deambulando en la misma realidad que critico. ahora resulta que estaba equivocado.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



